Presupuestos con perspectiva de género: qué son y para qué sirven

Presupuestos con perspectiva de género: qué son y para qué sirven

noviembre 19, 2020 Desarrollo Sustentable Economía Social Género e Igualdad de Oportunidades Políticas Públicas 0

Compartimos con ustedes una opinión de nuestra politóloga, Valeria Amstein, sobre la elaboración de presupuestos del Estado con una mirada de género.

El último trimestre del año es el momento en el que los poderes ejecutivos, tanto
a nivel nacional, como en la provincia y en la ciudad, presentan sus proyectos
de Presupuesto para el año siguiente. Luego, los poderes legislativos deben
analizarlos y, en caso de estar de acuerdo con sus lineamientos, aprobarlos. Este
es uno de momentos más importantes de cualquier gestión, ya que el
Presupuesto es la herramienta que le permite a los/as titulares del Ejecutivo
definir el rumbo de sus gestiones. Dónde se va a invertir más, cómo se repartirá
el gasto y de dónde se sacarán los recursos son cuestiones que se definen en el
Presupuesto.
Este año, en un contexto tan particular marcado por la crisis económica y la
pandemia, los Presupuestos pueden ser claves para entender qué respuestas
tienen pensadas los gobiernos para las demandas sociales que se les plantean.
Este año también, hemos escuchado a funcionarios/as decir que se presentaron
“presupuestos con perspectiva de género”. Pero, ¿todos/as sabemos que
significa esto y qué impactos puede tener en nuestra vida cotidiana?
El Presupuesto es una herramienta pública, en forma de Ley u Ordenanza, que
sirve para conocer el plan de gobierno para el próximo año y la gestión de los
gastos y recursos de un determinado gobierno. Lo formula el Poder Ejecutivo y
lo debe aprobar el Poder Legislativo. Refleja las prioridades de los Estados en
relación con el bienestar de la población, así como su compromiso con los
derechos humanos de hombres y mujeres. En este sentido, la forma en la cual
se distribuyen los recursos presupuestarios juega un importante papel para crear
condiciones favorables para remediar y compensar las desigualdades sociales en
general, y de género en particular.
En términos conceptuales un Presupuesto con Perspectiva de Género (PPG) “es
aquel cuya planeación, programación y presupuesto contribuye al avance de la
igualdad de género y la realización de los derechos de las mujeres. Para ello es
necesario identificar las intervenciones de política sectorial y local que se
requieren para atender las necesidades específicas de las mujeres, cerrar las
brechas de desigualdad de género y eliminar la discriminación contra las
mujeres. Los PPG consideran todas las fases de elaboración presupuestaria,
desde la formulación, la planeación, la elaboración del presupuesto y la
evaluación de impacto de las intervenciones públicas.” (1)
Hablando puntualmente de las ciudades, que un presupuesto municipal sea
formulado con perspectiva de género implica que reconoce las desigualdades
que afectan a las mujeres en virtud de su género, y las necesidades particulares
que éstas tienen en relación a su vida en la comunidad. Por ejemplo, sabemos
que las mujeres son más afectadas por el desempleo y también que son
mayoritariamente quienes se encargan de las tareas de cuidado y domésticas.

También sabemos que usan más el transporte público que los varones, y que
son víctimas de acoso callejero en los lugares públicos. Reconocer todas estas
situaciones debe llevarnos a pensar cómo las podemos eliminar o corregir desde
las políticas públicas que aplica el Estado. Y para eso se necesitan recursos, y
esos recursos se definen en el Presupuesto. Otro de los temas urgentes que
deben ser tenidos en cuenta en la asignación de recursos es la violencia machista
que afecta a las mujeres, y cuya expresión más extrema son los femicidios.
La formulación de presupuestos con perspectiva de género puede pensarse en
dos sentidos; el primero, el más “sencillo” de visualizar, es a partir de la
incorporación de programas específicamente destinados a las mujeres y
disidencias. Dentro de éstos podemos mencionar los programas destinados a
prevenir y erradicar la violencia de género, programas de empleo destinados a
mujeres y/o personas disidentes, transferencias (subsidios) cuyas beneficiarias
sean exclusivamente mujeres y/o personas disidentes. Estos programas tienen
la ventaja de alcanzar a aquellas personas que están atravesando una situación
de vulnerabilidad concreta, pero tienen menor impacto para corregir
desigualdades más estructurales.
El segundo, es más complejo pero también más integral. Tiene que ver con
reconocer que no hay políticas públicas neutrales en términos de género. Todas
las intervenciones que el Estado realiza a través de la asignación de recursos a
diferentes áreas de gestión producen resultados que pueden profundizar a
disminuir las desigualdades. Reconocer esta dimensión, lo que se denomina la
transversalidad de la perspectiva de género, es fundamental para no caer en los
“programas para mujeres” que sirven, pero dan respuestas acotadas.
Pensemos, por ejemplo, que son las mujeres quienes se encargan
mayoritariamente de las tareas de cuidado de niños, niñas y personas
dependientes (adultos/as mayores y personas con discapacidad). (2)
Esto muchas veces implica que las mujeres tengan menor acceso a oportunidades de trabajo
y educación. Entonces, contar con espacios públicos de calidad para el cuidado
de niños y niñas o con instituciones para adultos/as mayores, significa ampliar
concretamente las posibilidades laborales y educativas de muchas mujeres. Y
esto es sólo uno de los aspectos desde donde se puede mejorar la igualdad en
las ciudades, otro tanto ocurre con brindar seguridad en lugares públicos,
mejorar el sistema de transporte, extender las redes de servicios básicos o
ampliar la conectividad a internet. Lo que se requiere es partir de una
perspectiva que nos permitan reconocer los impactos diferenciales de estas
acciones.

La incorporación de cada vez más mujeres, a partir de las leyes de paridad entre
otras medidas, a la gestión pública ha posibilitado que se implementen cada vez
más políticas públicas para la igualdad de género. Debemos avanzar también en
incluir las voces y opiniones de las mujeres en todos los ámbitos, saber qué
quieren y necesitan de las ciudades en las que viven, y así construiremos
sociedades más justas para todos y todas.

(1) https://mexico.unwomen.org/es/nuestro-trabajo/presupuestos-publicos-con-perspectiva-de-genero

(2) Según los datos de la última encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares, antes de la pandemia las mujeres dedicaban seis horas y media diarias a trabajar para que la casa y la familia sigan en funcionamiento. Los hombres, sólo tres horas y media.

Valeria Amstein. Politóloga. Diplomada en Géneros y Feminismos.
Fundación #LaCiudad

 

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